Cómo funciona
La beta es la pendiente de una regresión de los rendimientos del activo contra los del mercado en una ventana elegida, normalmente 1 a 5 años de datos diarios o mensuales. El benchmark suele ser el S&P 500 para acciones estadounidenses o un índice local relevante. La beta solo capta el comovimiento con el mercado; el riesgo idiosincrásico queda en el residuo.
Ejemplo
Tesla tiene beta a 5 años cerca de 2,0: cuando el S&P 500 se mueve 1 por ciento, Tesla tiende a moverse 2 por ciento en la misma dirección. Utilities como SO o DUK tienen betas cerca de 0,4: defensivas frente a movimientos del mercado. El oro (vía GLD) tiene beta próxima a cero o ligeramente negativa: no sigue a las acciones. La beta media ponderada de una cartera te dice su sensibilidad al mercado de un vistazo.
Por qué importa
La beta es la herramienta estándar para dimensionar exposición al mercado. Para reducir a la mitad tu riesgo de mercado sin vender, cubre con una posición corta ponderada por beta en el índice. Para apuntar a una exposición concreta, pondera nombres de alta y baja beta. La limitación: la beta asume una relación estable que se sostiene entre regímenes. En crisis las correlaciones se disparan, las betas convergen a 1,0, y la diversificación prometida por la beta desaparece.